Analizar la teoría y la práctica del arte hecho por las mujeres latinoamericanas y su difícil relación, por un lado, con las teóricas feministas occidentales y, por otro, con las complicadas situaciones políticas a las que se enfrentan en sus diferentes países y con su propia identidad, siempre relacionada con una memoria heredada.
To analyze the theory and the latinoamerican women’s work of art and the delicate relation with the occidental feminist theory, the politics problems in their countries and their inherited memory.
Palabras clave: arte, teoría, feminismo, memoria, Latinoamérica / Art, theory, feminism, memory, Latinoamérica.
.........En 1965, y en el contexto de una expansión regularizada del arte latinoamericano (fundamentalmente argentino) por toda la geografía de Estados Unidos, Lawrence Alloway (1) se hacía la pregunta del millón: “¿Puede o debe el arte latinoamericano ser internacional ensus ambiciones, en su estilo, o su verdad y su tema residen en su geografía?”. Partiendo de la base de que ambas cosas no son excluyentes, de que la geografía no lo es todo y de que los problemas de Latinoamérica son, de alguna manera, particulares e intransferibles (es decir, difícilmente comprensibles en toda su dimensión cotidiana para norteamericanos y europeos, los “dueños” de los circuitos), lo cierto es que se empezó a glorificar una mezcla entre lo internacional (insisto, norteamericano y europeo) y lo local, que fue, como ha señalado Andrea Giunta(2) , adquiriendo el carácter de un brebaje diabólico cuya fórmula entonces daba la impresión de que nadie era capaz de encontrar. Y esta misma búsqueda de la fórmula mágica, de la cuadratura del círculo, se volvía todavía más misteriosa y, si cabe, más diabólica, aplicada al arte hecho por las mujeres que hablaba de los problemas de las mujeres.
.........No voy a entrar aquí en los problemas de un arte latinoamericano que a finales de los sesenta no parecía tener ninguna posibilidad de ingresar en la gran narración de la historia del arte de Occidente. Todos sabemos que desde el momento en que este relato se organizaba a partir de un orden en el que sólo contaban los cambios y las transformaciones que implicaban “avances” en el supuesto desarrollo progresivo del lenguaje del arte moderno, entonces no parecía haber razones para incorporar en esta historia una producción que se calificaba simplemente como una copia deslucida. Incluso el término “internacional” aplicado al arte latinoamericano funcionó como un mecanismo de exclusión. En definitiva, si el arte latinoamericano era tan internacional como el que se encontraba en los centros que habían generado y transformado el lenguaje del arte moderno (lenguaje al que, por otra parte, no había agregado nada nuevo), podía entonces quedar fuera de la historia, permanecer para siempre bajo los calificativos de “dependiente” o “epigonal”.
.........Muchos factores han ayudado a cambiar este punto de vista, pero el cambio no está exento de peligros. La caída de los grandes discursos y, quizás, en mayor medida, el discutible pero cierto, agotamiento por saturación (al menos a nivel de mercado) del arte europeo y norteamericano, nos han hecho volver los ojos hacia unas propuestas latinoamericanas que, además, de diferentes maneras, han demostrado tener una tradición propia, alternativa y valiente. Frente a las agotadas construcciones culturales y racionales de la civilización europea, y desde planteamientos ciertamente “progresistas” pero tristemente marcados por un eurocentrismo como mínimo ingenuo, se veía en América Latina, de una manera global, la perfecta representación de lo primario y lo primitivo, el aire fresco que estábamos empezando a echar de menos. En palabras de Octavio Paz(3) , “para todos, excepto para ellos mismos, encarnan lo oculto, lo escondido y que no se entrega sino difícilmente, tesoro enterrado, espiga que madura en las entrañas terrestres, vieja sabiduría escondida entre los pliegues de la tierra”.
El peligro puede ser, por un lado, que nuestra mirada tienda a homogeneizar la producción de los diferentes países latinoamericanos bajo una etiqueta común (el arte latinoamericano), y, por otro, que la avidez de nuestro mercado artístico internacional, nuestro propio aburrimiento y también, por qué no, una cierta condescendencia, vaga pero interesada, nos obliguen a entrar en el juego del “todo vale”, un juego que puede resultar letal para un arte que ha tardado mucho tiempo en conseguir ser escuchado.
.........Pero es que, a esta situación tan complicada, las mujeres latinoamericanas, artistas incluidas, tienen que superponer algunos problemas que todavía hoy tienen difícil solución a largo plazo. Por un lado, en una mayoría importante de los países latinoamericanos los problemas políticos y sociales tienen una prioridad absoluta. Cuando hablamos de arte de las mujeres que habla de los problemas de las mujeres no podemos olvidar que, en medio de un paisaje sociocultural desfigurado demasiadas veces por la violencia represiva y la censura ideológica, los conflictos principales pueden ser los mismos para hombres y mujeres. Se puede argumentar, con razón, que a esta situación la mujer añade problemas propios, que a su identidad latinoamericana se superpone su identidad como mujer, pero lo cierto es que, en este caso, la inhibición que supondría centrarse en ellos no se justificaría de ninguna manera por el viejo y querido eslogan (“la marginalidad es una forma deresistencia”), y se vería, creo que justamente, como una posición de aislamiento (o autoaislamiento) que volvería a dejar a la mujer al margen de las principales corrientes de acontecimientos.
.........Frente a esto, como ha señalado Nelly Richard en un pequeño estudio sobre las artistas chilenas bajo la dictadura(4) , algunas mujeres, inteligentemente, han decidido incluir ambos discursos en su obra. En Chile, por ejemplo, bajo el régimen militar, y en medio de una serie de prácticas artísticas, conocidas, para variar, como “la nueva escena”, que intentaban reconceptualizar el discurso artístico y crítico de la cultura, muchas mujeres se replantearon la inherente función crítica del lenguaje artístico utilizando básicamente un sistema desestructurador entendido como propio del pensamiento teórico feminista y con un, digamos, “lenguaje artístico” estudiadamente femenino.
.........Catalina Parra (1940), por ejemplo, hija del poeta Nicanor Parra, fue una de las primeras artistas en subrayar las restricciones de la censura bajo el régimen autoritario. En 1977 expuso la obra titulada Diariamente en la galería Ëpoca de Santiago, un trabajo que manipulaba uno de los símbolos oficiales de Chile, el periódico El Mercurio, como ejemplo del modo en que el monopolio de los medios de comunicación oficiales distorsionaba interesadamente el significado de cualquier noticia. Lo que hace Catalina Parra para revelar esta impostura es simplemente abrir heridas, ostentosamente cosidas luego, en el corazón de la construcción fraudulenta del mensaje, es decir, metafóricamente “hiere el significado”, y la herida resultante es una representación impresa de la guerra encubierta entre la imagen y la palabra, entendiendo además que la palabra, como la dictadura, es masculina, y la imagen, sin embargo, profundamente femenina, porque intenta pelear contra el significado unívoco del discurso. El trabajo, pues, crea conflictos de significado alrededor de verdades que fueron decretadas como incuestionables por la propaganda oficial, y lo hace con un lenguaje muy parecido al que el arte feminista ha estado utilizando para desestructurar el discurso único masculino. Cualquier discurso impositivo cuya interpretación haya sido programada por cualquier tipo de autoridad puede ser desprogramado (desautorizado) cuestionando sus significados y consiguiendo que las cadenas verbales que transmiten el poder puedan ser aflojadas o cortadas.

Lámina 1.- Catalina Parra, Diariamente, 1977.
.........O, simplemente, como hace Doris Salcedo (1958) en Colombia, en algunas de sus instalaciones, aludir a la idea de violencia y de muerte partiendo de materiales y objetos diversos. Así, en Atrabiliarios, de 1991-92, dos zapatos femeninos, encerrados bajo costura en sendos nichos, parecen abandonados, anónimos e irreconocibles, aunque, de forma implícita, sugieran que alguna vez, no hace mucho tiempo, pertenecieron a alguien, esta vez mujeres. Porque también las mujeres pueden desaparecer bajo poderes políticos autoritarios, incluso dos veces: desapareciendo físicamente en la sociedad y desapareciendo también en una memoria colectiva que bajo el genérico masculino “desaparecidos” tiende a incluir solamente a hombres.

Lámina 2.- Doris Salcedo, Atrabiliarios, 1991-92.
.........Por su parte, Diamela Eltit, una de las escritoras más destacadas en la narrativa actual chilena con novelas como Por la patria (1986) o Los vigilantes (1993-94), en los años que precedieron a la publicación de su primera novela (Lumpérica, de 1983), representó trozos de lo que iba a ser este trabajo en diferentes lugares urbanos, particularmente ciertos elementos que ya eran muy plásticos en la novela original. Así, algunos fragmentos del trabajo escrito que estaba llevando a cabo, eran leídos, representados y filmados en un burdel de Maipú Street en Santiago de Chile. Contadas en mitad de la calle en uno de los vecindarios más pobres de la ciudad, la “ficción” literaria despilfarraba el lujo barroco de su léxico entre la miseria que engendra y rodea a la prostitución. Con ello, Eltit subvertía los papeles del comercio sexual (“tan viejo como la historia”, según el discurso masculino) y cuestionaba la aceptación, asumida por todos desde siempre, del beneficio masculino en el negocio del dinero, las palabras y las mujeres. Cuando ella misma, en una libre transacción, besa a un vagabundo en el video titulado El amor hace su trabajo entre los vagabundos en el refugio, intenta desbaratar las reglas que gobiernan desde siempre el intercambio de bienes y servicios para exclusivo divertimento y “recompensa” de los hombres. La misma idea que desarrolla la artista argentina Liliana Maresca cuando, desde la portada de la revista erótica El Libertino, exhibe su propio cuerpo, semidesnudo y provocativo, como “disponible”. Por otra parte, la mala factura tecnológica con la que están llevados a cabo los videos, funcionaría también como una metáfora tanto del Tercer Mundo, como de las mujeres. En ambos casos, al grabar y reproducir una “mala imagen”, los videos rompen, por una parte, con la limpia apariencia de la sociedad de consumo urbana occidental, y por otra, con su “imperfección femenina”, desbaratan el control de la imagen maestra.
.........Pero, como hemos dicho, estos no son los únicos problemas con los que se enfrentan las mujeres latinoamericanas. El segundo, y no menos importante, es la mala posición que han tenido, y en parte todavía tienen, en el discurso teórico feminista internacional (de nuevo, europeo y norteamericano). A finales de los años sesenta las mujeres latinoamericanas todavía eran claramente ignoradas (cuando no aplastadas) por el movimiento feminista europeo y estadounidense, demasiado ocupado en hablar entre ellas (todas teóricas de reconocido prestigio) de ellas (blancas, heterosexuales, occidentales y de clase media), partiendo de una esencial invariante femenina que debería por obligación funcionar en todos los países del mundo muy por encima de invariantes tan autoritarias, tan definitivas, como la raza, la religión, la educación o, incluso, dentro de las propias fronteras del Primer Mundo, la libre elección del sexo.
.........En 1963 Betty Friedan analizaba, en La mística de la femineidad (5) , el aislamiento y la frustración de las amas de casa norteamericanas de clase media, blancas, heterosexuales y con un cierto nivel cultural. A lo largo del estudio era evidente la cómoda trampa en la que se habían convertido, poco a poco, sus cómodos hogares. De hecho, el patriarcado de los años cincuenta y de los sesenta había construido su propio “ángel del hogar”, apoyado por el psicoanálisis y la antropología neoesencialista de Margaret Mead, y lógicamente esta heterodesignación, como ya ocurriera con las histéricas y las anoréxicas del siglo XIX, estaba desarrollando su propio cuerpo sistemático neurótico entre las esposas y madres de la burguesía. Es evidente que, entre otros problemas, el libro de Friedan peca de olvido y de ignorancia acerca de los problemas de otras mujeres que no entraran en los parámetros burgueses occidentales. Al margen de sus buenas cualidades, el estudio puede ser visto, como ha señalado bell hooks (6) , como un caso de “narcisismo, insensibilidad, sentimentalismo y autoindulgencia”. O algo peor. Como ha subrayado Ángel Gabilondo (7) , “la proliferación de palabras sobre el otro no siempre ha coincidido con la escucha al otro y, menos aún, ha consistido en un adecuado oir con otros. En demasiadas ocasiones, la llamada cuestión del otro lo ha mantenido a buen recaudo”.
Apelando a su propia identidad personal y cultural, un tema en el que entraremos más adelante, Ana Mendieta contesta a Friedan (8) :
“ ¿Nosotras existimos?. Cuestionar nuestra cultura es cuestionar nuestra propia existencia, nuestra realidad humana. Confrontar este hecho significa tomar conciencia de nosotras mismas. Esto se convierte en una búsqueda, en un cuestionamiento de quienes somos y de quienes podemos llegar a ser. Durante los sesenta las mujeres de los Estados Unidos se politizaron y se unieron en el Movimiento Feminista con el propósito de terminar con la dominación y la explotación de la cultura masculina blanca, pero se olvidaron de nosotras. El feminismo americano, tal y como se presenta, es básicamente un movimiento de clase media blanca. Como mujeres no blancas nuestras luchas están en dos frentes”
.
.........La confusión del cuerpo de Mendieta con la tierra en muchos trabajos puede entenderse como el deseo de la descolocada, de la nómada, de la latina en Nueva York, por recuperar su tierra, sus raíces, su cultura, su identidad. En realidad, la búsqueda de un nuevo lugar para su des-pertenencia: la tierra. La tierra como objeto transicional, como posible activadora de identidades conscientemente procesuales, híbridas. Mendieta se integra con la tierra de destino para poder mantener la tierra de origen. Ritualiza su destierro.
.........En resumen, desde la década de los setenta, muchas teóricas, partiendo de la crítica de las feministas negras al protagonismo de la mujer blanca en la mayoría de los estudios y en la práctica política del feminismo, comenzaron a deconstruir el concepto de género como creación absolutamente estable. En un intento de incluir las voces de los desposeídos (por otra parte, un abigarrado y complejo conjunto de “otros”) en el discurso académico, algunas críticas poscoloniales como Gayatri Spivak, y las mujeres de color, como la propia bell hooks, obligaron a las blancas a revisar el sujeto femenino que aparecía en sus obras, a incluir en sus teorías la complejidad de las identidades de raza y a escribir desde su situación concreta, es decir, no como la “Mujer”, sino como las mujeres blancas que eran.
.........Y así, Elizabeth V. Spelman, en un libro ya clásico Inessential Woman (9) , se esfuerza en revisar una buena parte del pensamiento feminista empezando por una relectura de los filósofos clásicos o de la misma Simone de Beauvoir, para acabar subrayando que la idea de una “mujer” genérica funciona en la teoría feminista de una manera muy parecida a como la noción genérica de “hombre” ha funcionado desde siempre en la filosofía occidental: oscurece la heterogeneidad de las mujeres y corta el análisis de la significación de tal heterogeneidad para la propia teoría feminista y para la actividad política.
Pero no hay posición teórica contemporánea comprometida que no conlleve peligros. En el caso de los discursos feministas, tan embebidos en sí mismos, la cruda realidad es que han sido muchas veces minimizados, sesgadamente utilizados y superficialmente asimilados, con su consiguiente desactivación política, en la búsqueda de un proyecto ampliado, global, de un “humanismo posmoderno” no siempre bienintencionado. Como ha señalado Amelia Jones(10) , “se trata de discursos de oposición conservados desde la primera etapa de los modernismos cuya labor era la de devolver el proyecto feminista a la corriente principal del proyecto (blanco, occidental y masculino) de la teoría humanista o crítica”.
.........Conscientes del peligro de esta domesticación muchas feministas siguen apelando a una, quizás revisable, “comunidad genérica de intereses”, centrada en la especificidad de las demandas, pero que de nuevo volvería a caer en un cierto separatismo y/o en una estrecha limitación del género como vínculo primordial, olvidando otros factores también importantes. Del mal el menos. No hay que olvidar, como han señalado autoras como Susan Bordo(11) o la misma Nelly Richard en Chile, el posible peligro de paralización y desactivación que supone para el movimiento feminista el miedo constante a caer en el etnocentrismo o en el esencialismo. En palabras de Amelia Valcárcel(12) , de alguna manera, el feminismo tiene que saber que no puede abandonar la defensa de la igualdad y que no debe dejarse atomizar individualmente si quiere ser eficaz, es decir, que debe entonces asumir un “nosotras” que necesariamente le lleve hacia la diferencia. El feminismo debe conocer que su horizonte es la individualidad y el nominalismo (de hecho, ningún otro pensamiento ha asumido tanto como el feminismo la polémica igualdad/diferencia), así como que el nominalismo forma parte de sus estrategias, pero no debe ignorar que también el “nosotras” está exigido por la heterodesignación y por la pragmática que se autoimpone. Sin embargo, siempre desde la necesidad de un movimiento y revisión continuos para no caer en la elaboración de “alteridades de la alteridad” o en el control representacional de unas mujeres sobre otras.
Nelly Richard, en su brillante ensayo titulado Chile, Women and Disidence(13) , señala además problemas añadidos en Latinoamérica para una posible paralización del pensamiento político y los logros feministas. Como ella explica, parece claro que la circulación internacional de la información capacitaría a la “periferia”, de un modo ideal, para conseguir un material que pueda ser discutido, reformulado o incluso rechazado, dependiendo de las necesidades y particularidades locales. Sin embargo, como resultado del complejo de inferioridad causado por una larga y sostenida dependencia, lo que sucede realmente es que este material actúa de una manera impositiva como un código rígido, como un texto cerrado que es imposible revisar. Dice textualmente:
“ Incluso cuando lo que se distribuyen son teorías que en su propio contexto fueron concebidas para ser subversivas, para atacar el pensamiento canónico, la tradición dominante y la ortodoxia, sus prestigiosos orígenes extranjeros tienden a forzar una lectura inflexible. Así nos encontramos la paradoja de teorías que en su contexto original atacan el dogma, y que son transformadas aquí en monumentos, en símbolos reverenciados de una cultura axiomática. Muchos de los grandes teóricos occidentales han sufrido precisamente ese proceso y cuando son exportados a la periferia son sobredimensionados como figuras de autoridad cuando originalmente su intención era reaccionar contra la cultura pasiva”.
.........Naturalmente el posfeminismo no iba a ser menos, y en su aplicación al contexto latinoamericano sufre problemas similares. De hecho, al riesgo de traducción descontextualizada se añade el riesgo de fetichización. La consecuencia inmediata es el rechazo de la mayor parte de la teoría feminista precisamente por parte de aquellas mujeres a las que en teoría iba a beneficiar. La llamada a la libertad, que en el panorama internacional europeo y norteamericano está dirigida contra el sistema de dominación hegemónico masculino y todo lo que éste conlleva, es interpretada en los países latinoamericanos simplemente como colonialista, además de ser acusada de agresiva y autoritaria.
.........El problema, como ha señalado Richard, es que este tipo de acusaciones autolimitadoras, al final favorecen un proceso nacional de aislamiento. En otras palabras, confundir una lícita crítica de las estrategias de poder/conocimiento, con la obligación de abandonar todos los materiales que aporta, al final desemboca en la terrible paradoja de un movimiento tan autoritario o más que aquél al que critica, tan censor como el dogma al que se opone, pero que además, de alguna manera, se convierte en cómplice del oscurantismo autoritario al reforzar el viejo (y demasiado conocido) pacto entre la carencia de conocimiento y el poder.
La reformulación del corpus teórico feminista internacional por parte de un amplio grupo de profesionales (antropólogas, sociólogas, psicoanalistas, artistas, etc...) parece imprescindible en el panorama de Latinoamérica, y tendrá que partir de problemas absolutamente troncales, en absoluto accesorios o secundarios. El contexto específico histórico-cultural latinoamericano evidencia la necesidad de que cada discusión sobre el contexto de las mujeres tienda a estar mediatizada por el intento permanente de reinterpretar uno de sus factores fundamentales: la definición de su identidad, fundamentalmente mestiza y, en el caso de las mujeres, además, femenina.
.........En cualquier caso, diferente. Y ser diferente es “no ser”. Como señala Ángel Gabilondo(14) , “lo diferente, al participar del ser, existe; sin embargo, no es aquello de lo que participa, sino diferente. Precisamente por ello, el ser diferente del ser, es necesariamente, y con toda evidencia, no ser”. La identidad (diferente) es complicada. En una serie de obras expuestas en 1996 en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile en el marco de la exposición itinerante Los límites de la fotografía, la argentina Marcela Mouján borraba los límites que la diferenciaban de sus familiares más directos. Ventiún fotos de carnet de ella misma ampliadas, se yuxtaponían a otras muy parecidas de su madre o de sus tías, tomadas en tiempos distintos, creando un inquietante efecto de incertidumbre. Ya en 1995 Mouján había yuxtapuesto, a pocos centímetros de distancia y sobre gasas traslúcidas, transparencias fotográficas de su propio rostro y del de su madre.
.........Lo diferente funciona a partir de otras cosas, de otras cosas que existen: se es diferente con respecto a algo concreto que además funciona como un modelo, (en este caso las mujeres más cercanas de la familia, en otros el individuo masculino, blanco y de clase media). Por tanto, lo diferente es un ser cuyo ser consiste precisamente en no ser (no ser ellas, no ser hombre, no ser blanca...), en no ser con plenitud; en ser, al final, un individuo alejado del modelo, un desubicado, al margen.
Lo marginal, lo fronterizo, conlleva un fuerte elemento desestabilizador que Gloria Anzaldúa ha sabido explicar muy bien en su libro Borderlands/La frontera (publicado por primera vez en 1987), explotando inteligentemente el polisémico y expresivo término de “los atravesados”. Por “atravesados” se entiende a aquellos/as “marginales inadecuados” resistentes a la homogeneización, que estarían compartiendo territorio con los “sujetos excéntricos” de Teresa de Laurentis, con los “otros inapropiados” de Trinh T. Minh-ho, con los “sujetos poscoloniales” de Gayatri Spivak, etc... Dice Anzaldúa:
“ Este es un constante estado de transición. Lo no permitido y lo prohibido son sus habitantes. Los atravesados viven aquí: los que miran de reojo, los perversos, los maricones, los problemáticos, los perros mestizos, los mulatos, los de raza mezclada, los medio muertos; en resumen, todos aquellos que atraviesan, que cruzan o circulan a través de los confines de la normalidad”(15) .
.........Todos aquellos, en fin, que repentina, pero no ingenuamente, parecen haber sido redescubiertos. En un periodo relativamente corto de tiempo hemos pasado de “la muerte del sujeto” certificada por el estructuralismo, a la conciencia de que esa muerte sólo afectaba a un determinado tipo de sujeto: el hombre blanco, heterosexual y de clase media de siempre. Lógicamente, el descubrimiento de este hecho ha precipitado a la mitad del mundo, de manera casi compulsiva, en el interior de una búsqueda de la definición y las características de sus diferentes identidades.
.........Y la memoria tiene en este juego un papel importante, muy importante, podríamos añadir, en el caso de los chicanos, los desubicados por excelencia, los representantes de la más pura cultura mestizada, nacidos en su mayoría ya en los Estados Unidos y, con frecuencia, hijos o nietos de americanos. Desde el principio la evolución del arte chicano estuvo marcada dentro del movimiento homónimo de los años sesenta y setenta, el cual sigue determinando aún hoy, si bien en menor medida, sus perspectivas. Y desde el principio también, este arte se concibió como reflejo del “Movimiento chicano”: un movimiento por los derechos civiles y por los derechos de tierra y agua, así como de organización laboral y afirmación cultural. Esta concepción tendía a determinar la práctica del arte chicano definiendo los fundamentos y el objetivo último del arte en términos de identidad étnica.
.........Recuperar el pasado, recuperar unos iconos que muchas veces no formaban parte de sus vivencias recientes, se convierte para ellos en un caso de autoafirmación. La experiencia de la anexión (1848), el neocolonialismo interno, la migración y el realojamiento forzado, han fraguado múltiples estrategias de supervivencia y transformación, y han permitido a la cultura chicana operar en muchos registros y producir una iconografía social alimentada tanto por Estados Unidos como por México, o, más recientemente, por las culturas de otros inmigrantes latinoamericanos. En cualquier caso, las distintas maneras en que los chicanos se representan a sí mismos conceden un completo protagonismo a la memoria.
Muchas artistas chicanas, por ejemplo, se han apropiado de las formas populares del altar doméstico y de las ofrendas del Día de Difuntos para sus instalaciones. La ofrenda se realiza la víspera del Día de Difuntos, como homenaje a los seres queridos que han fallecido, y trata a la muerte abiertamente como un espectáculo y como una realidad cotidiana. Los altares domésticos, sin embargo, funcionan durante todo el año, su naturaleza conmemorativa y ceremonial es acumulativa y forman un espacio muy femenino dentro de las casas ligado, de alguna manera, a la tradicional relación entre la mujer y la muerte.
Amalia Mesa-Bains (1943) de Bay Area, es pionera en el uso de la ofrenda y el altar en instalaciones que son al mismo tiempo un manifiesto de la historia de las mujeres chicanas, de su situación de lucha, además de una búsqueda de su propia identidad. Ella misma dice en su página en Internet:
“La evolución de mi trabajo está arraigada en las prácticas y la conciencia de mi comunidad (...) Ambas tradiciones de la cultura popular (se refiere a los altares caseros y a las ofrendas del Día de Muertos) reflejan aspectos de una lucha redentora y resistente para preservar la historia familiar y la continuidad cultural frente a la dominación colonial”.

Lámina 3.- Amalia Mesa-Bains, Altar a Dolores del Río, 1991.
.........Desde mediados de los setenta, Mesa-Bains instala altares dedicados a personajes del panteón histórico femenino como Frida Kahlo, Sor Juana Inés de la Cruz o Dolores del Río, con la finalidad de subrayar el papel de la mujer en la historia de la resistencia mexicano/chicana. En 1995, en El círculo de los ancestros, con una instalación a partir de un círculo de ocho sillas mirando a una espiral de velas en el centro, relata la genealogía de las mujeres chicanas a partir de ocho mujeres históricas. La silla, metáfora del cuerpo, recuerda el sufrimiento y el sacrificio presentes en la vida de estas mujeres. Al mismo tiempo, el círculo es una evocación de la intimidad y fuerza colectiva de la vida femenina en el hogar, en los campos, inclusive en la Iglesia. Y así, allí nos encontramos a la Coyhaique y la Coyolxauhpui mexicanas, a la Virgen de Guadalupe, a las castas, a sor Juana Inés de la Cruz, a la soldadera revolucionaria Adelita, a la abuela de la artista, a una trabajadora del campo y a ella misma el día de su primera comunión.
La alusión a la Virgen de Guadalupe es especialmente importante. Como ha señalado Octavio Paz(16) , se trata claramente de una Virgen india que apareció ente el indio Juan Diego en una colina que antes fue un santuario dedicado a Tonantzin, la diosa de la fertilidad entre los aztecas. Cito literalmente:
“ Ahora bien, las deidades indias eran diosas de fecundidad, ligadas a los ritmos cósmicos, los procesos de vegetación y los ritos agrarios. La Virgen católica es también una Madre (...), pero su atributo principal no es velar por la fertilidad de la tierra, sino ser refugio de los desamparados. La situación ha cambiado: no se trata ya de asegurar las cosechas, sino de encontrar un regazo. La Virgen es el consuelo de los pobres, el escudo de los débiles, el amparo de los oprimidos. En suma, es la Madre de los huérfanos”.
.........Cuando Yolanda López (1942), una artista multimedia que trabaja en San Francisco muy preocupada por la dinámica de una identidad forzada por la tradición y la cultura de masas, prácticamente a partes iguales, se autorretrata como la Virgen de Guadalupe en una obra que forma parte de un tríptico, el consuelo de los pobres, la pasiva madre de los desamparados, se convierte en una activa, atlética y dinámica mujer con fuertes connotaciones revolucionarias.

Lámina 4.- Yolanda López, Las cosas que nunca le conté a mi hijo sobre ser mejicano, 1984-1993.
.........Recuperar el pasado sin borrar el presente es complicado, y evidentemente el presente le importa demasiado a Yolanda López. Lo preocupante de muchos de estos artistas es que demasiado a menudo han acabado hablando de una historia que ya no es “su propia historia”, sino la historia de sus antepasados, la historia silenciada, negada, desviada, y, muy a menudo, misteriosa o mediatizada también para ellos. En su instalación multimedia titulada Las cosas que nunca le conté a mi hijo sobre ser mejicano, 1984, 1993, aparte de subrayar el poder transmisor de las mujeres chicanas, López elabora una polémica reflexión sobre la publicidad y los medios de masas como responsables de la creación de los prejuicios y de la desinformación. Al apropiarse de una imágenes familiares que expresan y perpetúan la discriminación étnica y sexual, transmite un mensaje social radical. En este sentido, la instalación funciona como un momentáneo antídoto tanto para la población marginal chicano/mexicana, como para aquellos que han interiorizado sin cuestionarla esta imagen de sí mismos.
.........Precisamente el problema de la transmisión de una incuestionable “identidad histórica” es lo que pone sobre la mesa de discusión Celia Álvarez Muñoz (1937) con su obra, de alguna manera paralela a la de Yolanda López, titulada Historias que tu madre nunca te contó, presentada en el 2002 en la Blue Star Gallery de Arlington, Texas, su lugar habitual de trabajo. A partir de las imágenes de cuarenta artistas locales hispanos fotografiados en sus ambientes de trabajo, Celia Álvarez se empeña en cuestionar la imagen tradicional interiorizada por ellos mismos de la identidad chicana, contraponiendo a la memoria una imagen absolutamente actual de la comunidad chicana con sus miserias, problemas, mezquindades y grandezas. Es “la parte oculta de la historia”, en realidad, como ella misma dice, “un gran árbol de recortes sobre una historia de barrio”.
.........Hay que tener mucho cuidado con la reconstrucción de las identidades, una actividad que, como ha señalado David Pérez(17) , puede resultar tan sospechosa como contradictoria y llena de equívocos. No podemos olvidar que la creencia en una identidad propia cumple una función política evidente, no siempre controlada por el grupo interesado. Con la formación de una identidad social o colectiva se busca suscitar, no tanto el lógico reconocimiento de una conformación cultural, como la ciega y acrítica identificación con esa misma conformación, es decir, con el sometimiento ciego a que aquello que “somos” (o dicen que “somos”) lo somos. De esta manera no hacemos más que obedecer a un poder que, al nutrirse de identidades, sólo busca subrayar la diferencia y construir una tupida red de fronteras y delimitaciones. Cito textualmente a David Pérez:
“ En este sentido, Latinoamérica no puede ignorar que su objetivo cultural no se encuentra en la recuperación de una hipotética e idealizada identidad perdida (probablemente aquella que sí les contó su madre). La importancia de su intento radica, por el contrario, en la capacidad revulsiva de su propio rechazo, es decir, en la fuerza de su negación, una negación que, desde un principio, abarca dos grandes áreas. En primer lugar, la referida a la imposición del relato histórico occidental, ese relato cuya única finalidad es la condena al silencio de la exclusión y al fetichismo de la fascinación indígena. Y, en segundo término, la circunscrita al falseado ámbito de las propias mitologías de carácter político e histórico, ese discurso que crea los tópicos de una “genuina personalidad” que, a lo sumo, tan sólo puede asumir el reconocimiento de lo mágico y pasional"
.........Nada más cerca de esta definición que la lectura que se ha llevado a cabo de determinados trabajos. Unos trabajos que, con todos mis respetos a su calidad plástica e intelectual, parecen excesivamente empeñados en recuperar características primitivas y naturales propias de esa “genuina personalidad” histórica, facilitando así lecturas francamente empobrecedoras. El caso de Ana Mendieta, y de otras artistas cubanas que han encontrado en el cuerpo un nuevo territorio para el relato, es paradigmático. Es cierto que Mendieta utiliza la potencialidad del ritual como estructura de actuación o la asociación material del cuerpo y la tierra como catalizador, pero la interpretación traumática que hace Donald Kuspitt al respecto no se sostiene al caer en un biologicismo biográfico sin ninguna inscripción sociopolítica. En su opinión,
“la fusión (tan primitiva, del cuerpo de la artista con la naturaleza) debe resolver dos importantes problemas, uno personal y otro social: el sentimiento de abandono de Mendieta, experimentado cuando en 1961, a la edad de doce años, fue enviada a los Estados Unidos, separándose de su madre y, sobre todo, de su poderosa abuela; y su deseo adulto de ser una mujer autónoma, especialmente una mujer que pudiera vivir sin hombres, que no se definiera a sí misma en relación con ellos; una mujer que pudiese ser sagrada para sí misma, en lugar de ser profanada por el deseo que los hombres sienten hacia ella. Las performances de Mendieta pueden considerarse rituales de purificación”.
.........Es verdad. Mendieta se siente muy cercana al pensamiento mítico conservado por su abuela, pero esto no nos autoriza a olvidar el grado de información y la inscripción política de su obra limitándola a una respuesta sintomática.
De ninguna manera se puede reducir el trabajo de estas artistas a los límites del esencialismo mítico o del neoprimitivismo, ni siquiera a la simplista imagen de un “típico” artista postcolonial en una postura centralizadora de nuevo que asimila tolerantemente las tradiciones locales. Su proyecto artístico es mucho más consciente políticamente. Marta María Pérez, por ejemplo, cuando emplea su cuerpo como altar (cubriéndolo con las espinas de un árbol sagrado, la ceiba), o cuando recupera viejos rituales populares, está vinculando una imagen claramente feminista a las religiones afrocubanas, pero trabajando en su propio contexto en lugar de simplemente tomar préstamos de ellas. Es decir, utiliza esta recuperación cultural como un modelo de resistencia frente a la homogeneización, pero también como un referente de determinadas posibilidades de ordenamiento del mundo fuera de la estructura capitalista occidental.
.........Sin embargo, el peligro de la permanencia en el pasado sigue estando ahí, y Latinoamérica puede acabar siendo prisionera de su memoria en este juego peligroso. Gabriel García Márquez en Cien años de soledad expone un patrón de tiempo terrible y cerrado en el que el presente es una proyección del pasado, en el que el Ahora es un rehén del Antes. Rebelándose contra esto, Silvia Gruner (México, 1959) nos advierte: No jodas con el pasado, puedes quedar embarazada, una obra de 1994. Su estrategia se basa precisamente en dos de los repertorios que la retórica de “lo latinoamericano” está empezando a volver inoperantes: el fetichismo y la vieja idea de la “sangre caliente” latina asociada aquí al contacto erótico y al follar. El trabajo se desarrolla en un lugar fragmentado, lleno de tepalcates, esas pequeñas piezas de barro que se encuentran por todas partes y que ya no pueden reconstruirse, que están funcionando como una metáfora de la identidad mexicana destrozada (tanto por la historia manipulada, como por los discursos oficiales acerca del “pasado glorioso” o por el colonialismo y el poscolonialismo), con la que parece que es mejor no tener demasiada intimidad si no queremos salir marcadas para toda la vida por una carga no siempre deseada.

Lámina 5.- Silvia Gruner, No jodas con el pasado, puedes quedar embarazada, 1994.
NOTAS
(1) ALLOWAY, Lawrence, Latin America and International Art, Art in America, vol. 53, nº 3, junio de 1965, p. 65.
(2) .- GIUNTA, Andrea, Vanguardia, internacionalismo y política. Arte argentino en los años sesenta, Buenos Aires, Barcelona, México, Paidos, 2001, p. 215.
(3) .- PAZ, Octavio, El laberinto de la soledad, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 78-79.
(4) .- RICHARD, Nelly, Women’s Art Practices and The Critique of Signs, en MOSQUERA, Gerardo, Beyond the Fantastic. Contemporary Art Criticism from LatinAmerica, Londres, The MIT Press, 1996, pp. 146 y ss.
(7) .- GABILONDO, Ángel, La vuelta del otro. Diferencia, identidad, alteridad, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 10.
(8) .- MENDIETA, Ana, Dialectics of isolation, AIR Gallery, 1980. En RUIDO, María L., Ana Mendieta, Hondarribia, Nerea, 2002, p. 14.
(9) .- SPELMAN, Elizabeth V., Inessential Woman. Problems of Exclusion in Feminist Thought, Londres, The Women’s Press Ltd., 1988.
(10) .- JONES, Amelia, El postefiminismo: ¿vuelta a la cultura de lo masculino?, en 100%, catálogo de exposición, Sevilla, Junta de Andalucía/MEC, 1993, p. 203.
(11) .-BORDO, Susan, Feminism, Posmodernism and Gender-Scpeticism, en NICHOLSON, Linda, (ed.), Feminism/Posmodernism, Nueva York, Londres, Routledge, 1990.
(12) .- VALCÁRCEL, Amelia, Sexo y filosofía. Sobre “mujer” y “poder”, Barcelona, Anthropos, 1994, p. 109.
(13) .- En MOSQUERA, Gerardo (ed.), Beyond the Fantastic. Contemporary Art Criticism fron Latin America, Londres, The MIT Press, 1996, pp. 138 y ss.
