Juego para valorar la realidad sin los ojos, la caja de los acertijos

Una vez, en un curso de creación poética nos hicieron hacer un juego para valorar la realidad desde puntos de vista nunca pensados. Nos sentamos seis adultos alrededor de una mesa y nos pidieron que cerraramos los ojos y cogiéramos un objeto que pondrían delante nuestro y lo palpáramos durante dos minutos intentando recordar cada uno de sus detalles. Nos proporcionaron una naranja a cada uno. Cogí la mía y reconocí que era. Me sobraban un minuto y cincuenta y cinco segundos. La olí, me fijé en su rugosidad, en el tamaño, el peso, la dureza, en dos pequeños chichones que había cerca de la parte de arriba… Un montón de aspectos que nunca me hubiera pensado que podía tener. Pasados los dos minutos, nos las cogieron y las mezclaron y entonces, nosotros, teníamos que encontrar nuestra naranja.

Con los ojos abiertos, fue imposible, porque la vista nos engaña muchísimo, pero con los ojos cerrados, el trabajo fue mucho más sencilla. Sólo con coger una naranja con las manos, la podías descartar por un montón de matices diferentes. Cuando encontré la mía, estuve segurísima porque era la única que me dio el valor del peso, el tamaño y la temperatura que recordaba, y, una vez comprobados los pequeños chichones abrí los ojos para mirarla. Recuerdo que me sorprendí muchísimo, puesto que en realidad era mucho más pequeña del que me había imaginado y los chichones ni siquiera se veían. La vista nos engaña tanto!

los sentidosConsciente que la vista es nuestro sentido dominante y que limita otras percepciones, quise ofrecer una herramienta a mis hijos para practicar esta “mirada sin ojos en el mundo” que yo encontré tan interesante.

Cogí una caja de plástico, bastante resistente, de unos platillos de regalo y la forré con aironfix de colores. Hice unos agujeros para entrar las dos manos. Quise mantener el sistema de apertura para poder poner y sacar objetos grandes, y le enseñé a mi hijo grande un día de la primavera pasada.

Cómo que tenía dos años y tres meses, estuve todo el camino de vuelta del hogar de niños explicándole que la mama había hecho una caja y que pondriamos un objeto dentro, a ver si adivinaba que era sin mirar. Ilusa de mí, me pensaba que me había entendido! Tal como le decía, puso una mano adentro, pero antes de poner la otra, chico práctico cómo es, quiso mirar qué había: “Potxe!, potxe!” (coche), dijo, muy contento. Y repetía el mismo procedimiento cada vez que yo ponía un objeto nuevo.

No me quedó más remedio que apartar la caja y esperar a que entendiera las reglas del juego. A lo largo de la primavera, hemos jugado otras veces, siempre que me lo pedía, pero sin mucha mejora en la comprensión del mecanismo del juego. Este verano, la cosa ya ha funcionado un poco mejor, y jugamos a reconocer objetos de Panera de los Tesoros. Es divertido cuando se inventa el nombre de los objetos que no conoce!

De todos modos, para evitar tentaciones, tengo pensado enganchar unos visillos con pegamento…

Categorias: Niños

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